Rabosdepasas


“Silogismos de la amargura” E. M. Ciorán
septiembre 26, 2008, 3:48 pm
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“Aunque pudiera luchar contra un ataque de depresión, ¿en nombre de qué vitalidad me ensañaría con una obsesión que me pertenece, que me precede? Encontrándome bien, escojo el camino que me place; una vez “tocado”, ya no soy yo quien decide: es mi mal. Para los obsesos no existe opción alguna: su obsesión ha elegido ya por ellos. Uno se escoge cuando dispone de virtualidades indiferentes; pero la nitidez de un mal es superior a la diversidad de caminos a elegir. Preguntarse si se es libre o no: bagatela a los ojos de un espíritu a quien arrastran las calorías de sus delirios. Para él, ensalzar la libertad es dar pruebas de una salud indecente.

¿La libertad? Sofisma de la gente sana.

Si apenas he obtenido ideas de la tristeza, es porque la he amado demasiado para empobrecerla ejercitándome en ella.

Somos todos unos farsantes. Sobrevivimos a nuestros problemas.

Sufrimos: el mundo exterior comienza a existir…; sufrimos demasiado: desaparece. El dolor lo suscita únicamente para desenmascarar su irrealidad.

Cuanto más difuso sea el objeto de una pasión, mejor ella nos destruye; la mía fue el Hastío: sucumbí a su imprecisión”.

 

 

 


“El sótano” Thomas Bernhard
septiembre 14, 2008, 4:14 pm
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“El hombre no ama la liberdad, es mentira, no sabe qué hacer con la libertad, apenas es libre, se dedica a abrir cómodas de vestidos y ropa blanca, a ordenar viejos papeles, busca fotografías, documentos, cartas, va al jardín y escarba la tierra o anda totalmente sin sentido ni objeto en cualquier dirección, sea la que fuere, y lo llama paseo.

Y qué hay más terible que un paseo de sábado por la tarde, como visita a parientes o conocidos, en el que se satisface la curiosidad y se destruyen las relaciones con esos parientes o conocidos.  

Y nada es más ridículo que el deporte, esa coartada favorita entre todas para la absoluta falta de sentido del individuo.

Es evidente que quien no se refugiaba en una actividad y creía poder pasar el tiempo sólo meditando y superar su estado mental amenazado y, muy a menudo, mortalmente peligroso, por medio de la meditación y la reflexión, se abandonaba rápidamente y, además, al ciento por ciento, a su desgracia personal.

Durante toda la semana, todo lo que tiene que hacer a un hombre insatisfecho e infeliz, porque está tan concentrado en la insatisfacción y en la infelicidad, se encuentra contenido, pero el sábado, después de terminar el trabajo, su insatisfacción y su infelicidad están otra vez presentes y, de hecho, presentes cada vez con mayor brutalidad. Y todos intentan descargar los sábados en otro su insatisfacción y su infelicidad. La insatisfacción e infelicidad se llevan después de terminar el trabajo a casa, donde al fin y al cabo no esperan más que insatisfacción e infelicidad, y se descargan en casa.

El sábado ha sido siempre el día de los suicidios.”



Socorro, perdón “Frédéric Beigbeder”
agosto 9, 2008, 9:33 pm
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“Él era un puñado de agua, nunca pude asirle, era como estar con el hombre invisible, era como un grifo viejo, y a mí me tomaba por un fontanero.

Creo que nos quisimos, aunque prefiero olvidarlo, era un embrollo demasiado penoso. Es indudable que me deseaba mucho y confundió deseo con amor. No creo que haya sabido lo que significa amar. Creí que me amaba porque me lo repetía continuamente, pero lo único que quería era que yo dependiera de él, quería reducirme a la esclavitud. Era un sentimental peligroso, enamorado del amor, lo que equivale a decir: no enamorado de una persona sino de una pose, de un gesto, de un principio. Son los peores perversos: los que se creen puros pero prefieren una idea de sentimiento a una persona. Este amor, perfectamente pueril y bonito solo engendra dolor y decepción, nadie le sobrevive.

Lo más terrible es que millones de personas se intoxican de este tipo de sentimientos, y yo desde luego también sucumbí, porque si no, ¿cómo habría podido aceptar pamplinas semejantes?. Me enseñó a amar con indiferencia, vida asentimental. Hoy ni siquiera le odio ni le echo de menos, la verdad es que ya no quiero recordarle.

Este tipo de hombre, prefiere instalarse en un piso de tres habitaciones con la primera que se encuentran que despertarse solos en la cama, y en cuanto conviven con ella le reprochan que les robe la libertad. Estos hombres incapaces de convertirse en adultos son los daños colaterales de la liberación sexual. ¿Qué hacer con los individuos que no pueden quedarse solos ni vivir con alguien?. Son “bombas humanas” en potencia.

Para un hombre, crecer sin un padre, condena a vivir sin saber nunca quién eres ni lo que quieres, aparte de conquistar incesantemente a mujeres a las que nunca consigues soportar. Yo le “envenené” de tal manera su vida que a veces me remuerde la conciencia, pero me equivoco, ¡el deshonesto era él, no yo!!!!!!!!.

No creí que fuese capaz de hacerme daño, me equivoqué”.



“El hombre duplicado” Saramago
mayo 22, 2008, 8:42 am
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“El alma humana es una caja de donde siempre puede saltar un payaso haciendonos mofas y sacandonos la lengua, pero hay ocasiones en que ese mismo payaso se limita a mirarnos por encima del borde de la caja, y si ve que, por accidente, estamos procediendo segun lo que es justo y honesto, asiente aprobadoramente con la cabeza y desaparece pensando que todavia no somos un caso perdido.



“El amor, las mujeres y la muerte” Schopenhauer
mayo 22, 2008, 8:30 am
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“Lo que ocupa a todos los vivos y los tiene sin aliento, es la necesidad de asegurar la existencia. Una vez hecho esto, ya no se sabe que hacer.
Por eso, el segundo esfuerzo de los hombres es aligerar la carga de la vida, hacerla insensible, matar el tiempo; es decir, huir del hastío.

Una vez libertados de toda miseria material y moral, una vez que han sol­tado de la espalda cualquiera otra carga, los vemos convertirse ellos mismos en su propia carga y consi­derar como una ganancia toda hora que consiguen pasar, aun cuando en el fondo esa hora se reste de una existencia que con tanto celo se esfuerzan en prolongar.
El hastío no es un mal despreciable; ¡qué deses­peración concluye por pintar en el rostro! Él es quien hace que los hombres, que se aman tan poco entre sí, se busquen sin embargo unos a otros tan locamente: es la fuente del instinto social. El Estado lo considera como una calamidad pública, y por prudencia toma medidas para combatirlo.
Este azote, lo mismo que el hambre, que es su extremo opuesto, pueden impeler a los hombres a todos los desbordamientos; el pueblo necesita panem et circenses. El rudo sistema penitenciario de Filadelfia, fundado en la soledad y la inacción, hace del tedio un instrumento de suplicio tan terrible, que para li­brarse de él más de un condenado ha recurrido al suicidio. Si la miseria es el aguijón perpetuo para el pueblo, el hastío lo es para las personas acomodadas.

En la vida civil, el domingo representa el aburri­miento y los seis días de la semana la miseria.



“La Náusea” Jean Paul Sartre
mayo 15, 2008, 1:42 pm
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…En consecuencia, se ha producido una modificación durante estas últimas semanas, pero ¿Dónde? es un cambio abstracto que no se sustenta en nada.

¿Soy yo quien ha cambiado? Si no soy yo, entonces es esta habitación, esta ciudad, esta naturaleza, hay que elegir.

Creo que he sido yo el que ha cambiado, es la solución más sencilla. También la más desagradable.

 Debo reconocer que estoy sujeto a estas súbitas transformaciones. Lo que sucede es que no pienso, entonces, sin darme cuenta, se acumula en mí una multitud de pequeñas metamorfosis, y un buen día se produce una auténtica revolución. Es lo que ha otorgado a mi existencia este aspecto desconcertante, incoherente…….



“Las partículas elementales” Michel Houellebecq
mayo 15, 2008, 10:46 am
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Durmió tres horas. Cuando despertó volvía a encontrarse en plena forma, y tenía una erección. La frustración sexual crea en el hombre una angustia que se manifiesta en una crispación violenta, localizada a nivel del estómago; el esperma parece subir hacia el bajo vientre y lanzar tentáculos hacia el pecho. El órgano mismo está dolorido, siempre caliente, y rezuma un poco. No se había masturbado desde el domingo; puede que fuera un error. Según el último mito de Occidente, el sexo era para practicarlo; algo posible, algo que había que hacer. Se puso un bañador, metió unos preservativos en la mochila con un gesto que le arrancó una carcajada. Durante años había llevado preservativos encima a todas horas, y nunca le habían servido de nada; las putas siempre tenían. (…)



“La Fiesta” MIchel Hoellebecq
mayo 15, 2008, 9:44 am
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El objetivo de la fiesta es hacernos olvidar que somos solitarios, miserables y que estamos prometidos a la muerte. Es decir, transformarnos en animales. Es por esto que el primitivo tiene un sentido de la fiesta muy desarrollado. Un buen sahumerio de plantas alucinógenas, tres tamborines y ya está: se entretiene con casi nada. Por el contrario, el Occidental promedio alcanza un éxtasis insuficiente únicamente después de interminables raves de las que sale sordo y drogado: no tiene ningún sentido de la fiesta. Profundamente consciente de sí mismo, radicalmente extranjero a los demás, aterrorizado por la idea de la muerte, es incapaz de acceder a una fusión cualquiera. Sin embargo, es obstinado. La pérdida de su condición animal lo entristece, siente culpa y vergüenza; le gustaría ser un parrandero, o al menos pasar por tal. Se encuentra en una situación complicada.

 

Qué hago con estos imbéciles?

 

“Cuando dos de ustedes estén reunidos en mi nombre, estaré en el medio” (Matías, 17, 13). He ahí todo el problema: ¿reunidos en nombre de qué? ¿Qué podría justificar, en el fondo, estar reunidos?

 

Reunidos para divertirse. Es la peor de las hipótesis. En este tipo de circunstancias (discotecas, clubs, bailes populares, fiestas privadas) que no tienen visiblemente nada de entretenido, una única solución: flirtear. Salimos del ámbito de la fiesta para entrar en el de una feroz competencia narcisista, con o sin opción a penetración (se considera clásicamente que el hombre necesita de la penetración para obtener la gratificación narcisista deseada; siente entonces algo análogo a la partida gratis obtenida en un antiguo flipper. La mujer, casi siempre, se contenta con la certeza de que se la quiere penetrar). Si este tipo de juegos le provoca rechazo, o si no se siente a la altura, una sola solución: retirarse cuanto antes.

 

Reunidos para luchar (manifestaciones estudiantiles, reuniones ecologistas, talk-shows sobre la marginalidad). La idea, a priori, es ingeniosa: efectivamente, la feliz cimiente de una causa común puede provocar un efecto de grupo, un sentimiento de pertenencia, e incluso una auténtica embriaguez colectiva. Lamentablemente, la psicología de las masas sigue leyes inmutables: se desemboca siempre en una dominación de los elementos más estúpidos y agresivos. Uno se encuentra entonces al medio de una banda de ruidosos y a veces peligrosos energúmenos. La elección, por lo tanto, es la misma que en la discoteca: irse antes de que empiece la pelea, o flirtear (en un contexto aquí más favorable: le presencia de convicciones comunes, los sentimientos diversos provocados por el desarrollo de la manifestación han podido estremecer ligeramente la caparazón narcisista).

 

Reunidos para celebrar (misas, peregrinaciones). La religión propone una fórmula absolutamente original: negar con audacia la separación y la muerte afirmando que, contra las apariencias, bañamos en el amor divino y que nos dirigimos hacia una eternidad bienaventurada. Una ceremonia religiosa cuyos participantes tuviesen fe ofrece por lo tanto el ejemplo único de una fiesta exitosa. Algunos participantes agnósticos pueden incluso, durante el tiempo de la ceremonia, sentirse invadidos por un sentimiento de creencia; pero luego arriesgan un penoso aterrizaje (un poco como en el sexo, pero peor). Una solución: ser tocado por la gracia.

 

La peregrinación, combinando las ventajas de la manifestación estudiantil y las del viaje, en un ambiente de espiritualidad agravado por el cansancio, ofrece condiciones ideales para el flirteo, que se convierte en algo casi involuntario, véase sincero. Hipótesis mayor de fin de peregrinación: matrimonio + conversión. Por el contrario, el aterrizaje puede ser terrible. Prever para la vuelta una estadía “deportes de la nieve”, la que siempre podrá anularse (infórmese antes sobre las condiciones de anulación).

 

La fiesta sin lágrimas

 

En realidad, basta haber deseado entretenerse para estar seguro de aburrirse. El ideal sería por lo tanto renunciar totalmente a la fiesta. Lamentablemente, el parrandero es un personaje tan respetado que esta renunciación conlleva una fuerte degradación de la imagen social. Los consejos que siguen deberían permitir evitar lo peor (quedarse solo hasta el final, en un estado de aburrimiento evolucionando hacia la desesperanza, con la impresión errónea de que los otros se entretienen).

 

Tener clara consciencia, antes, de que la fiesta será un fracaso. Visualizar ejemplos de fracasos anteriores. No se trata sin embargo, de adoptar una actitud cínica. Por el contrario, la humilde y sonriente aceptación del desastre común permite el siguiente triunfo: transformar una fiesta malograda en un momento de agradable banalidad.
Siempre prever que se volverá solo, y en taxi.
Antes de la fiesta: beber. El alcohol en dosis moderadas produce un efecto sociabilizante y euforizante que sigue sin verdadera competencia.
Durante la fiesta: beber, pero disminuir las dosis (el cóctel alcohol + erotismo ambiente conduce rápidamente a la violencia, al suicidio y al crimen). Es más ingenioso tomarse 1/2 Lexomil en el momento oportuno. La mezcla con el alcohol producirá un rápido sopor: es el momento de llamar un taxi. Una buena fiesta es una fiesta breve.
Después de la fiesta: llamar para agradecer. Esperar tranquilamente la fiesta siguiente (respetar un intervalo de un mes, que podrá disminuir a una semana en períodos de vacaciones).
Finalmente, una perspectiva consoladora: con la edad, la obligación de la fiesta disminuye, la inclinación a la soledad aumenta; la vida real se impone.




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